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Review: Moto Z & Moto Mods

Norman Gutiérrez

Desde que Lenovo compró Motorola, las cosas han ido cambiando. Moto solía ser conocido por teléfonos de excelente calidad y precio -si nos olvidamos del Moto G de 3ra generación que, francamente, es una basura- y con la sorpresiva venta de la marca al gigante chino, comenzamos a ver otra cara: flagships de gama alta, como el Moto X Force, buscando competir en un mercado premium y pensados para gente que puede y quiere pagar por ellos. Este smartphone es la confirmación profunda de esa misma premisa.

Flaquito, no como el tuyo

En diseño, Moto no está dispuesto a reinventar la rueda: su pantalla AMOLED de 5,5″ es casi el estándar para su rango de precio, y sus líneas metálicas y la decisión de hacer que la cámara sobresalga del resto del terminal tiene mucho sentido y no se aleja de la norma de un móvil de gama alta. Sin embargo, el gran acierto está en su grosor, donde sus 5.2mm lo convierten en el teléfono más delgado a la venta en Chile. Omitir que a veces se siente de juguete sería faltar a la verdad, pero de todas maneras esa sensación -que por cierto se ve exacerbada por lo poco que pesa el terminal- se desvanece mientras más lo uses. De hecho, para paliar aquello el Moto Z incluye un protector de cuero que hace que se vea mucho mejor y oculta el feísimo puerto magnético que tiene el equipo en su posterior. Si le sumamos el bumper que viene incluído, pareciera que Moto quiere ocultar su equipo bajo un par de capas de accesorios, lo que no es malo en si mismo, pero el teléfono es lo suficientemente bello en su desnudez como para robarse muchas miradas. Al mismo tiempo, la sensación en la mano es extraña: cuesta acostumbrarse a un teléfono así de delgado y a primera vista, frágil- pero luego de usarlo un par de semanas te vas habituando a su pantalla y a sus bordes. Un punto importante es su lector de huellas, igual a la última generación del Moto G, y cuando digo igual, es igual: igual de rápido e igual de confuso. Sinceramente, si tuviera este teléfono, lo confundiría todos los días con el boton home.

Groseramente rápido

En cuanto al rendimiento, el Moto Z vuela. Todas las aplicaciones abren en segundos y los juegos funcionan en su mejor calidad y rendimiento, sacándole partido al excelente Snapdragon 820 y a sus 4GB de RAM, que lo ponen a la altura que le corresponde a su segmento de precio. Sin embargo, toda esta velocidad se desperdicia totalmente en una versión prácticamente stock de Android Marshmallow que, si bien es un símbolo de Moto a estas alturas, necesita urgentemente el nivel de personalización que podemos encontrar en TouchWiz o incluso en EMUI. ¿Quieres que los íconos sean más pequeños? No puedes. ¿Quieres más gestos? No hay forma. Incluso aunque el Moto Z se pueda actualizar a Nougat -y en el futuro cercano se podrá, no me cabe la menor duda- seguirá necesitando de esa capa que, para sorpresa nuestra, estamos echando de menos. Como punto aparte, el gesto para abrir la cámara sigue siendo una maravilla. Al menos tenemos ese consuelo.

Cámara del promedio

Y hablando de eso, las cámaras del Moto Z le hacen honor a su calidad de gama alta. En el panel trasero, el sensor de 13MP toma excelentes fotos a plena luz del día, y si es de noche, el diafragma 1.8f, el sensor de foco láser y la estabilización óptica ayudan un montón con esas fotos a poca luz. De todas maneras, se cae en un apartado que es cada vez más importante: el rango dinámico. En condiciones de luz y sombra, e incluso con el HDR activado, verás cielos que deberían ser azules, totalmente en blanco. La cámara frontal de 5MP es mucho mejor de lo que esperaba, aunque todavía no me explico por qué el flash frontal no funciona con la mayoría de las apps que no sean la cámara. Por cierto, la aplicación de la cámara sigue siendo excelente, y el modo “profesional” es de lo mejor que hay en un smartphone, incluso siendo más simple que los de su competencia.

¿Y la energía?

Su batería de 2500mAh soporta un día casi completo de uso medio a intenso, lo que se agradece en parte a la ligera personalización de Android, aunque deja bastante que desear. De todas maneras, pocas veces me quedé con el teléfono muerto al terminar el día, y aún así, agradecí un montón el TurboPower, que simplemente es una maravilla en USB-C y te permite tener el celular completamente cargado en menos de una hora. Sin lugar a dudas será la característica que más voy a echar de menos, junto con el cargador reversible que espero se transforme en un estándar lo antes posible.

¡Y viene con Moto Mods!

El atractivo más sustancial de este teléfono (y cómo no hablar de él) es la inclusión de los Moto Mods: accesorios que usan los terminales traseros y magnetismo para fijarse como anillo al dedo al equipo, y le agregan funcionalidad adicional. Los tres mods que tuvimos en nuestro poder nos dejaron con sentimientos encontrados, aunque por razones distintas.

El Proyector Insta-Share es fantástico, y funciona con un brillo excelente en casi cualquier superficie, además se valora un montón que puedas ponerlo en cualquier ángulo y se corrija su proyección de forma casi instantánea. Sin embargo, se cae donde cualquier proyector así de brillante se caería: la batería dura menos de 4 horas de uso intenso, y tendrías que intercalar la carga del móvil con la del proyector si quieres más autonomía. El otro punto donde duele un montón es el precio: $299.990 en el mercado chileno me parece una aberración para un dispositivo que, si bien es útil, no justifica de ninguna forma su precio.

Por otro lado, el Power Pack Incipio es, simplemente, una batería adicional para el teléfono. Aunque siempre se agradece más energía -sobre todo si el uso del móvil es intenso- todavía no sé si agregarle una batería gigante y derechamente fea a un teléfono tan elegante no sea un crimen. De más está decir que, a unos 70 mil pesos en el mercado chileno, sería una de las carcasas con batería más caras que has pagado jamás.

El mod que más nos gustó fue el JBL Soundboost, un parlante realmente útil e increíble que suena realmente bien, se para solo y tiene una autonomía de al menos diez horas. Es mucho más elegante que mi parlante externo Logitech, pero cuesta tres veces más, y lamentablemente funciona sólo en el Moto Z y su versión Play. Es aquí donde echamos de menos que la tecnología de los Mods fuese un estándar de Android y no una tecnología propietaria.

Si no eché de menos un mod, agradezco que haya sido el de la cámara Hasselblad, que en realidad no es una cámara adicional sino que un zoom óptico. Nuevamente, si bien resulta un buen agregado, no se justifica lo elevado de su precio, que supera los $230 mil.

En conclusión…

El Moto Z es una maravilla delgada y tremendamente sencilla de querer, que se roba muchas miradas y reacciones de sorpresa a la hora de usar los Moto Mods, que destacan por lo sencillo y sus excelentes prestaciones. No nos cabe la menor duda que es un equipo que merece estar en la gama alta, sin embargo, nos asusta tener que pagar un alto precio por el terminal de por si y además tener que costear los accesorios, que vienen en packs por separado y aumentan sustancialmente el valor final. De todas formas, si te gusta ostentar y tener un teléfono totalmente único, este móvil te hará feliz de muchas maneras y se quedará en tu bolsillo por años.

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